Fran

Fran / Grafito, lápiz de color, tinta y carbón sobre papel Fabriano / 20.4 x 14.8 cm / 2026


Hoy fui a tu casa, no sé si a despedirme, porque no creo estar preparado para hacerlo, no por ahora. Quería estar cerca de ti, o de presencia en esa habitación que encontré tal y como la dejaste antes de irte. Te fuiste sin saber que no volverías. Nadie podría haberlo imaginado.

Tu gato negro no dejó de maullar hasta que me senté en tu cama y lo abracé. Después comencé a llorar y entonces fue él quien me dio consuelo frotando su cabeza contra mí. ¿Quién va a cuidar de él ahora, Fran?

Recorrí tu habitación, miré tus libros, abracé tu ropa, contemplé tus cosas en silencio por bastante tiempo, como si de pronto pudiese encontrar algo en ellas que pudiera aliviar este hueco en mi pecho y este nudo en mi garganta.

La puerta de tu balcón estaba abierta, caminé hacia ella y miré el atardecer, sin poder disfrutarlo, en realidad. Me di vuelta y vi mi silueta proyectada y rodeada por esa luz naranja sobre la pared blanca y sobre tu cama. Me dolió mucho ser consciente en ese momento de que tú y yo jamás volveremos a dormir en esa cama como lo hicimos tantas veces en que me salvaste de esta ciudad.

Tus amigos compraron flores y velas, y montaron un pequeño altar para ti con una foto al centro donde sonríes abrazado de tu familia. Me dijeron algo curioso: que no solías sonreír en las fotos. Y te digo que es curioso porque revisé en mi mente las pocas fotografías que te hice en algunas de nuestras salidas, y siempre sonreías. Quiero pensar que pasamos buenos momentos estando juntos, a pesar de que nuestras personalidades e intereses no siempre coincidieron.

Andrea prendió un sahumerio y palo santo para abrir tu camino, y yo cerré mis ojos mientras recé un mantra para ti. Jhon se había mantenido ecuánime durante toda la tarde, pero cuando llegó Pau, comenzó a llorar mientras hablábamos de ti. Después llegaron un par de amigos tuyos que no conocía. Dentro de nuestro pesar, creo que nos dio un poco de alegría saber que somos muchas personas quienes te queremos. Aunque debo admitir que me sentí extraño al escucharlos hablar de ti en pasado, y casi quise pedir que no lo hicieran, pero no me atreví.

Antes de irme pedí permiso para traer conmigo una libreta que encontré encima de tus libros, ahí escribías cosas y aún tiene hojas en blanco. Quiero tener cerca de mi algo tuyo donde pueda mezclarme al escribir y dibujar, y pensar en ti cuando lo haga. Porque a pesar de todo lo “sui generis” que pudo ser nuestro encuentro y nuestra relación en esta existencia, resuenan en mi cabeza esas charlas que tuvimos un par de veces, donde hablábamos de nuestro “vínculo”, como solías llamarlo, y de cómo percibías mi presencia en tu vida. Ahora me toca asumir tu ausencia en la mía. Y es que, aunque estoy convencido de que volveremos a encontrarnos nuevamente, la certeza más grande que tengo hoy, es saber que mientras ese reencuentro sucede, te voy a extrañar mucho.

Hasta entonces…

Publicar un comentario

0 Comentarios