lunes, 3 de junio de 2019

Geo Legorreta



Pionera de la danza hindú en México, es la primera mujer en traer e impartir el estilo Mohiniyattam. Quedó prendada de la danza al ver bailar a un hindú. Viajó a Londres donde reafirmó su pasión por el arte. Allí encontró maestros, estilos, disciplinas a y su gurú, Nirmala Paniker, quien la llevó a profundizar y debutar como bailarina en la India. 


El linaje dancístico al que ha dedicado su vida ha echado raíces en su propia nación, y recientemente en Tepoztlán, donde reside y sigue impartiendo y extendiendo la danza de la encantadora divina con colaboraciones y proyectos de su compañía de danza Shaktala.






¿Cómo llega la danza a tu vida?

Tuve oportunidad de tomar clases en el Ballet Independiente. También me acerqué a la danza folclórica a los 18 o 19 años. Me gustaba el zapateo, me parecía una parte inigualable de la riqueza cultural mexicana y la sensación me resultaba muy alegre, rítmica y poderosa. 

Después, en la Alianza Francesa, vi la presentación de un bailarín hindú llamado Astaad Deeboo. No lo conocía y nunca había visto danza hindú. Me dejó totalmente asombrada, este hombre bailaba, brincaba, daba giros. Interpretó una pieza donde se pintó la mitad de la cara de rojo y la otra mitad de verde. Era una danza de Shiva y Kali. Era femenino y masculino, un lado era dinámico, fuerte, lo masculino. El otro lado era lo femenino, tenía la parte iracunda de Kali pero también la suavidad de la seducción femenina. Había un elemento de ritual y teatro muy mágico. Al salir de esa función, cuando nadie vio, me llevé su foto, pensé “no es posible que haya un ser humano que baile así”. Años después viajé a Londres, allá empecé a descubrir que la India es parte de su cultura y que hay una presencia muy importante, no solo de India, sino del oriente. Vi por primera vez el “Kathakali”, la danza teatro de Kerala (sur de la India), el estilo “Odissi” y el “Bharatanatyam”, entre otros. 

En ese tiempo supe que había una maestra dando clases de estilo Mohiniyattam y Kathakali. Así conocí a mi primera maestra, Tara Rajkumar, hermosísima mujer con el pelo hasta la cintura y una cara preciosa. Llegué a su clase y estaba llena de alumnas, hindúes, inglesas obviamente, y yo hasta atrás tratando de copiar lo que podía. Me pareció todo muy extraño. Me gustó mucho, aunque me sentí rígida como cangrejo. Al final la saludé y le dije “Hola, soy de México y quiero aprender danza”. Me dijo “aquí tenemos una compañera de México”. Volteé y no vi a ninguna mexicana, entonces la llamó Angelique y llegó esta hermosa mujer de ojos verdes, vestida de sari, era Angélica Aragón. Nos volvimos muy buenas amigas y por muchos años compartimos el entrenamiento de danza.

En ese entonces yo no diferenciaba muy bien así que aprendía lo que la maestra estuviera enseñando. Daba clases tres veces por semana, un día enseñaba Mohiniyattam, al otro día Kathakali. Fui entendiendo la diferencia en ellos. El Kathakali era más masculino, más abierto, los golpes en los pies eran a los lados mientras que en Mohiniyattam eran más suaves y contenidos.

Los últimos años, Tara Rajkumar se dedicó más al Mohiniyattam y ahí dije “esto es lo mío”. Después de aproximadamente cuatro años, a su esposo le surge un muy buen trabajo en Australia y dejan Inglaterra. Cuando se van me dice “tienes que ir a India, tienes que continuar”. Yo trataba de conseguir una beca con el Consejo Británico, pero nunca resultaron esas aplicaciones. En medio de ese proceso entré a la carrera de música donde sí me becaron para estudiar guitarra. Por muchos años estudié danza hindú y música a la par, eso me ayudó a entender la rítmica y la danza.

Después mi maestra me recomendó a un maestro de Kathakali que llegaría a Londres, un joven llamado Unnikrishnan. El Mohiniyattam pasó a un receso porque no había maestras de este estilo en Inglaterra, por lo menos en Londres, donde estaba la Academia de Danza Hindú. No quedaba otra más que regresar al Kathakali, que me gustaba, pero era una forma más marcial y masculina. Con él estudié varios años. Después me informa que viene una maestra de Kerala, que era muy buena y debía conocerla; era la gurú Nirmala Paniker. Ella estaba a tres horas, aproximadamente, de Londres. Yo tomaba un tren y me iba a pasar unos fines de semana largos. Vio lo que había aprendido y me empezó a formar nuevamente con el Mohiniyattam. Cuando terminó su residencia regresó a India y me dijo “please, come”. Se me estremeció el corazón porque dije “ya tengo una invitación para ir a India”. Como te conté, no había financiamiento, pero en esa época fallece mi abuelito y nos deja una herencia. Entonces vi la oportunidad. Eso fue en 1989.

¿Cómo asimilas los aspectos de la devoción y la tradición hindú siendo una mujer extranjera que viene de una cultura totalmente distinta?

Soy consciente de que soy una mexicana que ha dedicado su vida a la danza hindú y no soy hinduista, sin embargo, al ser la danza hindú un camino espiritual, indudablemente se tiene que comprender y estudiar la metodología y la religión, separando la espiritualidad y la religión. Tienes que entrar al aspecto devocional que corresponde a las dos cosas. Hay devoción en el camino espiritual, así como en el camino religioso. Estamos bailando para el rey de la danza, el dios Shiva, también para Ganesh, Krishna, Saraswati, Lakshmi. Ha sido un aprendizaje que no ha terminado. Cuando estuve en India fue muy real porque estaba en casa de la gurú, que es hinduista, formé parte de las oraciones y las actividades del templo. No es que me convirtiera en hindú, pero al estar estudiando danza hindú era recibida en el contexto de una cultura milenaria y bastante hermética, con la raíz de estos aspectos espirituales y religiosos de una devoción profunda. 

También se cultivaba la humildad porque cuando se toma una clase los alumnos tocan los pies de la gurú y después tocan su corazón o su frente. Es algo muy ancestral tocar los pies del gurú. La palabra “gurú” significa “el que te guía hacia la luz”, es decir, que estás en cierta obscuridad o ignorancia. Los pasos que ha dado el gurú te ayudan a avanzar. Antes de las funciones también le pides permiso porque son sus pies los que te han guiado. Es un aspecto que siempre tengo presente porque te ayuda a doblegar el ego, si se cae en el virtuosismo de querer ser mejor que otros, recuerdas que esta danza viene de una cultura donde se tocan los pies del gurú.

Empezaste a estudiar danza hindú en 1980 en Inglaterra y volviste a México casi veinte años después ¿cómo te reintegraste al país trayendo una disciplina de otra cultura?

Tomó mucho tiempo y no fue fácil. Tuve que volver a construir mis contactos sociales, me sentía extraña, por eso cuando llego lo primero que me interesa es ver quién hace danza hindú y me encuentro con Djahel Vinaver, que ha entrenado gente en Odissi y Bharatanatyam. Conozco a Patricia Torres, bailarina de Bharatanatyam que pasó mucho tiempo en India. Es una gran aliada porque empezamos a hacer funciones juntas. 

Las cosas se fueron dando según los contactos sociales y con esos contactos comencé a impartir clases a finales de 1999. Empecé a introducir el estilo Mohiniyattam, no encontré a nadie más que lo hiciera, era prácticamente desconocido. En una función hubo una rifa y el premio lo ganó Ana Luisa Salas, quien hasta el día de hoy sigue siendo una alumna muy devota, esa fue la primera vez que ella me vio bailar.

Al regresar a México encontré alumnas muy interesadas en el Mohiniyattam y entonces decidimos formar un grupo bajo el proyecto “Shaktala”, para que cuando nos presentáramos tuviéramos un nombre, una identidad. Así todo se volvió más formal. 

La compañía “Shaktala” fue creada durante mi estancia en Inglaterra. Estando en Bristol, las alumnas y yo nos sentamos un día después de clase y pensamos “¿qué nombre le ponemos?, ¿quiénes somos?” y de ahí surge el “Shakti”, que es la energía femenina que mueve a la consciencia de Shiva y el “Talam” que es la energía rítmica, entonces Shaktala encaraba lo que sentíamos que éramos porque bailábamos danzas del repertorio tradicional pero también danzas de mi propia creación. Era dinámico porque era un grupo de danzas del sur de la India que incluía danza folclórica, creativa y tradicional.

La danza crea un legado que se va tejiendo entre maestros y alumnos. Luego los alumnos se vuelven maestros y ese tejido sigue nutriendo la tradición. ¿Cómo te sientes al ser parte de este linaje dancístico?

La Gurú Nirmala Paniker y Geo Legorreta
en el Festival México - India. Tepoztlán. 2007
Es un honor, de hecho, hay una visión para este año de rescatar el linaje Mohiniyattam de la gurú Nirmala Paniker. Tengo muchos años de enseñanza del repertorio tradicional pero también del repertorio que yo he creado. Siento que esos dos aspectos son hilos de ese tapiz que mantienen vivo el linaje. A veces Shaktala ha estado muy activa y de repente se dispersa. No ha sido fácil que continúe este linaje en México, viví en Cuernavaca y ahora viviendo en Tepoztlán es más difícil pues esta montaña (El Tepozteco) te abraza, entonces quiero hacer más cosas en Morelos. Siento una gran responsabilidad y honor. Esta visión implica ubicar quienes han ido a India con la gurú pues varias alumnas y alumnos avanzados han estado allá. La idea es encontrar formas para transmitir sus danzas para que ese linaje se esparza y se convierta en un jardín y no sea solo una planta. 

En el 2007 tuvimos un festival de la India en México en Cuernavaca. Invitamos a la gurú y a una de sus alumnas. Cuando llegó estaba bastante asombrada. Me decía “bien hecho, has logrado algo”. Se dio cuenta de que la devoción, el interés y las ganas de aprender estaban muy vivos. Fue maravilloso que hubiera tanta gente y que conocieran a la gurú porque no es lo mismo mi enseñanza como mexicana, que la gurú con la forma tradicional. Ella sabe que estoy haciendo esto, sabe que hay gente que lo está tomando muy en serio. A veces hay alumnos que la visitan y estudian con ella un tiempo. No es fácil, se tienen que dar todas las condiciones: tiempo, dinero y condición física. Imagino y quiero pensar que está orgullosa de que esto suceda. 

¿Cómo te sientes al ver tus conocimientos asimilados y replicados por tus alumnas y alumnos?

Es una continuidad de conocimiento similar a una semilla que se siembra en tierra. Lo veo florecer en formas bellas y diferentes, no siento que sea solamente la danza, es una forma de vida porque el Mohiniyattam está cultivando el equilibrio entre la fuerza y la suavidad, eso es muy interesante en la vida de cada persona. ¿En qué momento usas tu fuerza y cómo la usas sin agresión?, ¿en qué momento tu suavidad no se vuelve debilidad ni vulnerabilidad sino un arma más? Mohini sedujo a los demonios con su suave danza. Entonces hay ciertos poderes en esta esencia de Mohini y yo lo veo florecer en cada alumno, no todos lo entienden, pero creo que en el mismo entrenamiento van asimilando y encontrando qué es ser femenino, incluso los hombres van encontrando qué es la fuerza femenina en sus cuerpos y su expresión, qué secretos pueden expresar a través de la danza que quizá no pueden mostrar en otras maneras.

Originalmente el Mohiniyattam era interpretado únicamente por mujeres, hoy hay hombres bailando también, ¿cómo percibes la caída de esta barrera?

Está siendo derribada hasta en India, hay bailarines que incluso se visten con el traje de Mohini. Ese rompimiento es tan importante a nivel social que también se da en el Mohiniyattam. Desde el principio, cuando tengo uno o dos alumnos hombres que quieren bailar me llama la atención porque es trabajar con la corporalidad masculina, no se trata de que ellos sean tan suaves como nosotras, sino que encuentren la feminidad en su estructura física, con su fuerza y dimensión porque es muy bello ver a un bailarín haciendo Mohiniyattam. Me da gusto, siento que es muy atractivo porque es el atrevimiento de romper la barrera de género. 

¿Cómo te sientes antes de dar un recital?

Muy emocionada, el corazón late fuerte. Es una combinación de nervios, pero estoy consciente de que la transformación física ya ocurrió con esas dos o tres horas de maquillaje, peinado y vestuario. Al salir al escenario dejo de ser yo, de alguna manera es Mohini, le estamos pidiendo permiso a su espíritu para que se manifieste y baile a través de esta transformación. Hay un aspecto de trance hasta cierto punto, debes estar muy atenta, consiste en que sales como otro personaje y con la responsabilidad de bailar como Mohini. Sigues siendo tú, pero con otra energía, definitivamente el traje te da un poder especial que no hay que mal usar. También siento una combinación de poder y humildad porque te empoderas, pero el ego toma otra dimensión. Hay que usar nuestros talentos, pero saber que no se trata de ti, eres una intérprete, entonces la humildad es importante para que la belleza brille de una manera libre.

El “Arangetram”, momento en el que el bailarín debuta como solista, debe ser memorable, ¿cómo fue el tuyo?

Geo Legorreta en Inglaterra. 1981
Durísimo, no tenía suficiente tiempo para estar en India. La gurú me trabajó muy fuerte durante cinco o seis meses para aprender las danzas. Fue muy emocionante porque se lleva a cabo con músicos en vivo, es muy tierno ese encuentro en el escenario, confías totalmente y es hermoso, pero da miedo. Fue en un Ashram de un gurú que nos recibió y los devotos arreglaron el espacio con guirnaldas. Las personas que asistieron tenían un camino espiritual, entendían el concepto de la danza hindú, donde los dioses se están manifestando y Mohini está ofreciendo su danza. Fueron muy amables y cuando terminé, el gurú me dio un regalo, un comentario que había hecho sobre el Bhagavad Gita. Leí la tarjeta y había escrito “cuando te vi bailando recordé el sol naciente”. Para mí ese comentario fue maravilloso, porque por lo menos él, como hombre espiritual sí vio un brillo que nacía y que ahora sigue brillando. 


Fue duro el proceso, pero sumamente emotivo, al día siguiente era día de clases y le pregunté a la gurú cómo había estado, su respuesta fue “not enough bending” (no te doblaste lo suficiente). Pero así son las gurús hindúes, no te van a decir “súper bien” sino “tienes más que trabajar”. Creo que lo hizo también porque el Arangetram es el inicio de una carrera, entonces siempre hay más.

¿Cómo percibes el camino de la danza hindú haciendo una comparación entre la Inglaterra de los ochenta y México en el 2019?

Totalmente diferente. Un movimiento importante ha sido la visita de un gurú de Odissi llamado Soumya Bose, viene a México a petición de algunas de sus alumnas que van a India. Es un gurú joven, alumno de Sujata Mohapatra, a quien yo vi bailar en Londres durante mi estancia. Se queda algunas semanas en México y deja estipulado un programa de estudios y tareas, las alumnas más avanzadas quedan a cargo. Esto ha sucedido durante los últimos 3 o 4 años. El grupo se llama Guru Kripa. He visto su trabajo y es impresionante porque han tenido lo mejor de los dos mundos: un gurú de India que viene a entrenarlas y alumnas avanzadas que dan seguimiento tres veces por semana. Han abierto un camino importante.

Hace años, el entonces embajador de la India en México, nos invitó a Patricia Torres y a mí a cenar y nos contó que tenía la visión de abrir un centro cultural y quería nuestra opinión ¿qué debían enseñar?, ¿cómo se debía hacer? Plantó la semilla del actual Centro Cultural de la India Gurudev Tagore en Ciudad de México. Mariana Flores estaba regresando de India y la recomendé, me pareció bueno que empezara a enseñar Mohiniyattam. Patricia Torres tomó el área de Bharatanatyam y una alumna de Djahel Vinaver tomó el área de Odissi. Han venido maestros de la India a enseñar Kathak. Ese Centro Cultural se ha vuelto muy importante porque tiene el apoyo del gobierno de la India para traer los recursos necesarios. Dan funciones por todo México. Es un auge impresionante de la danza hindú en México.

Geo Legorreta
Fotografía instantánea hecha en película Instax Mini
8.6 x 5.4 cm
2019

Esta entrevista fue publicada en la revista Siglo Nuevo del periódico El Siglo de Torreón el pasado sábado 18 de mayo en su edición No. 733.

Conoce más sobre Shaktala aquí

sábado, 23 de marzo de 2019

Próximamente ¡VOCES!


Nayla Momo y yo estamos iniciando este proyecto de videocharlas para hablar de las cosas que nos pasan, nos gustan y nos disgustan ¡queremos hablar de todo! y queremos que los espectadores tengan una interacción con nosotros ¿qué quieren saber de nosotros?, ¿de qué les gustaría que hablemos?

martes, 26 de febrero de 2019

Martha Zamora

Es, además de investigadora, su propia editora, correctora, publicista y distribuidora. Admite que esta última investigación tuvo repercusiones en su estado anímico, pero se emociona y expresa satisfacción al narrar cómo en su andar ha encontrado, sentados junto a ella en un avión, personas que leen con intriga uno de sus libros; o le recomiendan, en una librería, sus propias investigaciones sin advertir que ella es la autora.

De niña vio llegar a Frida Kahlo al Hotel del Prado para visitar a Diego Rivera mientras él pintaba el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda. Se obsesionó con esa mujer que vio vestida con ropa mexicana y flores en la cabeza y durante más de 35 años investigó todo sobre su vida, su obra y las personas que la rodearon hasta crear dos libros: Frida - El pincel de la angustia y En busca de Frida. Su última publicación Heridas-Amores de Diego Rivera deriva de adentrarse en las relaciones que ambos pintores tuvieron durante su vida y se centra en siete mujeres unidas sentimentalmente a Rivera: Angelina Beloff, Marevna (ambas pintoras rusas a quienes Diego conoció durante su paso por Europa), Lupe Marín, Frida Kahlo, Cristina Kahlo (hermana de Frida), María Félix y Emma Hurtado (galerista con quien se casó por última vez para ir a la Unión Soviética a tratar el cáncer que padecía). 

Nadie sabrá jamás cómo quiero a Diego. No quiero que nada lo hiera, que nada lo moleste y le quite energía que él necesita para vivir, vivir como a él le dé la gana. […] Si yo tuviera salud quisiera dársela toda, si yo tuviera juventud toda la podría tomar.
Frida Kahlo

¿Cómo inicias en los libros de arte?

Viví una infancia difícil, mis padres se separaron. Mi hermano y yo empezamos a trabajar desde pequeños, vendíamos hojas de rasurar en las peluquerías y entregábamos ropa de una tintorería de barrio. 

En la escuela yo ambicionaba pintar. Mi madre era mitad yucateca, mitad inglesa, pertenecía a una familia riquísima venido a menos. La estética alrededor de nosotros era muy importante para ella. Entonces mi deseo de dibujar una vaca, por ejemplo, lo impedía el hecho de que yo no la quería dibujar mal, la quería dibujar perfecta. Detectaba entre mis compañeras quién sí podía dibujar la vaca y entonces le decía “si tú dibujas mi vaca, cuando tengamos que hacer un reporte de lo que hicimos en vacaciones yo te lo hago”. También íbamos a estas matinés de tres películas por un peso. Cuándo regresábamos los compañeritos me decían “cuéntanos la película”. “Pero ¿cómo? Si la vimos juntos en la mañana”. Yo se las contaba. Eso fue, obviamente, un entrenamiento muy grande de síntesis. 

Para escribir un libro hay que leer, si quiera 350 antes, mínimo. Para Heridas volví a leer muchos libros y adquirí muchos otros porque una cosa es leer por placer, utilizando tu memoria solamente para seguir la historia y otra es leer para extraer elementos, información y cotejarla. En Heridas todo está bastante próximo, de hecho, tuve oportunidad de comer en algunas ocasiones con Lupe Marín. 

Por ejemplo, en el capítulo de Frida Kahlo, encontré recados de Frida a su mamá, pequeños recados de una niña de 14 o 15 años que le escribe a su madre que se quedará un poco más tarde en la escuela porque viene un señor que se llama Diego Rivera. Es su primer encuentro. 

Un libro como estos se hace, antes que nada, por placer

En México todavía se escribe por placer y utopía. Yo trabajo sola, no tengo mucho contacto con otros escritores. El sistema que se implantó en Estados Unidos donde haces una sinopsis, vas con un editor y dices “si me da dinero, investigo”, jamás ha funcionado conmigo. Puede ser que ya con un poco de trayectoria, tengo 22 libros publicados, pueda recibir el apoyo, pero sería con limitaciones y eso para mí es imposible. Cuando empiezas una investigación no tienes ni idea de a dónde va. Por ejemplo, si la Secretaría de la Defensa no me hubiera puesto tantos impedimentos para consultar los documentos de la muerte del hermano de María Félix, yo no me habría dado cuenta de que algo no estaba totalmente kosher. Quería esa precisión que procuro en todos mis libros. 

Otro caso, te dicen “fíjese que para eso que está investigando sobre el maíz hay un Instituto del maíz cerca de las pirámides de Teotihuacán”. Eso me pasó. Es el caso de Emmy Lou Packard, ayudante de Diego Rivera. Una mujer muy importante en la vida de Frida y en la mía. La quise muchísimo y me enseñó muchísimo. Era mucho mayor que yo y me enseñó el concepto de “esperanza”, es decir, la historia pasada no es destino, se pueden modificar las cosas. 

Ella llegó a México casi siendo niña, su padre vino a enseñar a los agricultores mexicanos a hacer modificaciones en las semillas del país, los llamados transgénicos. Es entonces cuando conoce a Diego, porque pintaba, dibujaba y la llevan a ver a Diego para que se entusiasmara porque fue una niña con muchos problemas de salud. Diabetes infantil, imagínate, y sobrevivió casi hasta los noventa años. Impresionante. Allí aprendí demasiado del maíz. 

¿Qué te lleva a adentrarte en la historia personal de Diego Rivera y las mujeres con las que compartió su vida?

Hiciste una pregunta anterior que no contesté ¿Cómo llegué a la escritura sobre arte? Trabajé para Televisa mucho tiempo haciendo folletos y libros. Después “El Tigre” decidió becar pintores, comprarles toda su producción de un año y mantenerlos, como mecenas. Yo hacía los catálogos de esos pintores. A final del año se hacía una gran exposición, generalmente en el Museo de Arte Moderno. Y luego Televisa regalaba esas pinturas a personalidades de la política y el comercio y conservaba parte de ellas como su colección en su fundación. Así hice libros y catálogos importantes y empecé a tener contacto con pintores.

Con todo aquello, a mi angustia por no poder dibujar una vaca, hasta la fecha no la puedo dibujar, la llevé a esto. 

Además tenía dos obsesiones desde niña: Frida Kahlo y Maximiliano. Y bueno, ya los cubrí. Entonces ¿por qué Diego Rivera? A lo largo de toda la investigación sobre Frida, que ha sido un tema para mí de más de 35 años, surgieron inquietudes. Sí, Frida lo quiso profundamente, con todas sus infidelidades, eran amores que no puedes catalogar, no son convencionales. Obviamente el amor principal, declarado por Diego, fue Frida. Pero hubo otras mujeres, anteriores a Frida, después de ella o simultáneas como el caso de María Félix o Emma Hurtado, que coinciden con ella en el tiempo dentro del afecto del maestro.

Tenía que entender de dónde venía Diego y de dónde venían estas siete mujeres que fueron capaces de entregarse de manera absoluta y total. Yo no comprendía por qué estas mujeres lo quisieron a esos niveles. Marevna, por ejemplo, se queda con una hija no reconocida por él, sin ningún apoyo y, sin embargo, 60 años después le pide a su hija “cuando muera, llévame a México a enterrarme con él”. 

El libro tomó un año y medio y me dejó muy cansada por la convivencia diaria con mujeres tan intensas, tan problemáticas. A veces me despertaba francamente triste y decía: “pero, ¿por qué estoy triste?, si en realidad en este momento de mi vida todo está marchando bien.” 

Había cosas que me dolían terriblemente. El capítulo, por ejemplo, de Lupe Marín, es algo muy doloroso para mí porque cuando tienes hijos te vuelves madre de todos los niños del mundo y no entiendo, no puedo entender el maltrato a un hijo, no lo puedo entender y me duele muy especialmente.

Diego Rivera. Retrato de Lupe Marín. 1938.
Óleo sobre tela. Acervo MAM, INBA
Raquel Tibol describió a Lupe Marín como “una mujer mezquina y chiquita de cerebro” ¿te parece justa esa descripción?

En cuanto a la mezquindad definitivamente sí, por lo que pude aprender en mis lecturas y entrevistas, era una persona que pensaba en ella principalmente y que daba poco, daba muy poco. Hizo mucho daño y eso no debe enaltecerla simplemente por el hecho de que desapareció, por eso digo que su capítulo fue para mí el más doloroso. Tuvo buenas amigas, pero acabó con muchas de ellas en muy malos términos, también con parte de su familia. Era impositiva, muy fuerte, imponente, alta, muy morena, con unos ojos verdes gigantescos y un concepto de ser absolutamente lo mejor que el mundo había recibido.  Sabía perfectamente que su relación con Diego la iba a catapultar a la historia. Emma Hurtado también lo sabía. 

Hablando de María Félix y Emma Hurtado, Frida les pide, por separado, que se casen con Diego

Sí, pero Frida era enormemente inteligente. Sabía que no importaba que incluso lo pusiera por escrito, como en el caso de María Félix. Eso no iba a suceder. ¿Te imaginas a María Félix yendo al andamio a llevarle tacos a Diego?, ¿preparándole la tina de baño?, ¿cortándole las uñas porque la panza no se lo permitía? Jamás. 

Habiendo terminado la creación del libro, ¿cómo convives con Diego y con estas mujeres?

En algunos momentos sientes un gran rechazo por un hombre que tiene esa capacidad de egoísmo. Los pintores, describe Marevna, pueden hacer eso y usar, es una fea palabra, usar a sus compañeras y a todo el mundo para su beneficio y seguir adelante. Por eso tienes un Diego Rivera que pintó kilómetros, no es un hombre que andaba llevando a su niña al kínder, él estaba pintando. Jamás podrás decir que no se ocupaba de sus hijos porque era un flojo que estaba dormido, eso nunca. Él estaba en su andamio horas y horas.

En Heridas se describe a Diego como “narcisista”

Completamente. Hay un aspecto muy profundo de análisis psicológico, no solamente de Diego y de estas siete mujeres, sino de todos nosotros: ¿por qué nos enamoramos?, ¿por qué tenemos a veces la obsesión de cambiar a una persona que no va a cambiar jamás? Ninguna de las mujeres lo pudo detener con un hijo, ni Angelina, ni Marevna, ni Lupe. Frida lo sabía perfectamente y toda aquella leyenda de la mujer que sufre por no tener hijos no se sostiene con las investigaciones.

¿Por qué es importante hablar de estos aspectos tan personales de los pintores? A veces pareciera que son figuras que no se pueden tocar

Al contrario. Creo que la labor fundamental de quienes escribimos es la búsqueda de la verdad y de exhibirla en todos los aspectos. No creo que disminuya en nada el conocimiento profundo de un Diego niño que se ve separado de su cuidadora fundamental, su madre, cuando tiene un 1 año y 4 meses. Y no sólo eso, la pérdida de su gemelo en una desaparición inexplicable porque enferma y muere en el transcurso de una noche. Diego se fue a dormir, cuando despertó, su hermanito ya no estaba. Luego lo mandan con una sirvienta que fue una mujer muy fuerte e íntegra que lo quiso y lo cuidó, pero se ve alejado de su familia tres años y medio. El análisis de los psiquiatras y psicólogos, que fueron tan gentiles de darme toda la asesoría, me indican que esto es dramático para una criatura. Toda la forma en que aprendes a amar a otra persona, a entregarte, se da en esos años o no se da más.

Entonces no es la intención del libro, creo que queda muy claro, lo digo abiertamente, justificarlo en sus defectos, es comprenderlo. Y él se comprende a sí mismo bastante bien y hace un análisis de su comportamiento al final de su vida y lo dice “si pudiera volver a vivir sería el mismo”.

El libro cierra con la declaración hecha por Diego de no haber experimentado felicidad más que al pintar

Frida Kahlo. Frida Kahlo y Diego Rivera. 1931.
Óleo sobre lienzo. San Francisco Museum of Art
Porque había esa sensación de seguridad. Creo que el volcarse en su pintura es porque se dio cuenta muy pronto de que la pintura no lo abandonaba y no lo defraudaba nunca. En las relaciones con las mujeres siempre estaba a la defensiva. Frida, nuevamente haciendo mención a su análisis intelectual, dice dos veces “él no se entrega, él no se entrega”. Y está hablando la mujer de la que dice haber estado profundamente enamorado, que fue su gran amor y a quien lloró los tres años que la sobrevivió.







¿Se habrá casado después con Emma Hurtado porque veía cerca la muerte?

Diego Rivera. Retrato de Emma Hurtado
y Olin
. 1946. Óleo sobre tela.
Acervo MAM - INBA
No. La necesitaba para ir a Rusia. No fue su primera intención. 

¿Se casaron en secreto?

Sí, desde las épocas de estudiar a Frida, la secretaria de Diego, que había sido enfermera de Frida y después trabajó con él, me dijo que Emma llegó, de buenas a primeras, con su abogada a recoger a Diego, se fueron sin decir a dónde, regresó él y no dijo nada. Es hasta el momento en que están llenando los documentos de salida de México que Diego dice “no me pongas viudo, ponme casado, me casé con Emma”. 

Es Emma la única mujer, de las mencionadas en el libro y que convivieron entre sí, que no fue bien vista por las otras

Completamente. Hicieron un núcleo en su contra. Definitivamente la hicieron a un lado. Era muy mal vista la cuestión del comercio. Ella era “la comerciante” y pensaban que explotaba al maestro, que se estaba aprovechando de su arte, pero era muy hábil. ¿Qué tal cuando Diego le lleva los xoloitzcuintles a su casa y ella pone un criadero y los empieza a vender en Europa?

Ahora, veámoslo por el otro lado, era una comerciante, ¿quién se beneficiaba de ese dinero?, la secretaria, la enfermera, Frida; vivían del dinero que se lograba hacer a través del arte de Diego, pero con el talento comercial de Emma. Pese a todo nunca fue aceptada. 

¿Le debe México a Angelina Beloff una exposición como la tuvo antes Marevna?

Angelina Beloff. La Alameda de Santa María. 1958.
Óleo sobre tela. Acervo Patrimonial de la SHCP
Voy a arriesgarme. Yo no creo que tuviera un gran talento, como grabadora me gusta un poco más pero su pintura es débil. Pienso que tiene el reconocimiento que es debido. Sus pinturas están en algunas buenas colecciones. Son muy apreciados sus retratos, fue retratista mucho tiempo de la alta sociedad mexicana. Más allá de eso, perdóname, es mi opinión, no creo que se le deba más. Marevna también, por la pintura que conozco, creo que tiene el reconocimiento al que ella llegó.







Al leer sobre Diego en Europa, si no conociéramos la historia, pensaríamos “este hombre no la va a hacer, está a la sombra de Picasso, ya se peleó con aquel crítico, va a hundir su carrera”

Exactamente. Es un punto maravilloso. Es muy común encontrarte con personas que te dicen “me encantaría escribir, pero mire, tengo un hijo y no puedo”. Y uno dice “yo tengo dos”.

Asumen erróneamente que el que crea tiene todo solucionado, tiene dinero para pagar sus recibos, no se enferma, nadie en su familia enferma ni muere y él no tiene ninguna pena. Entonces por eso tiene todo su tiempo para crear. La historia es totalmente distinta. 

Muchos piensan que estos personajes son historia muy lejana y, sobre todo, historia de la que ya no hay nada más qué decir

Al contrario, hay mucho qué decir. De Frida incluso, pese a la cantidad de publicidad que tiene, a la cantidad de productos que se hacen con su imagen y de libros que se publican; hay muchísimo por investigar. Por ejemplo, conseguir las memorias de Marevna fue inenarrable, son libros que se publicaron en tiraje de 100 o 200 ejemplares.

Los libros de arte y los catálogos de artista son, literalmente, una reliquia

Ese es otro punto importantísimo. Si vas ahora a una librería y dices “ese libro me es fundamental pero no tengo dinero o tengo en casa cuatro libros que todavía no empiezo”, cómpralo porque no lo vas a volver a ver, esta transformación de la industria editorial, en donde yo quedé como un monstruo increíble, lo impide. Entonces, si para escribir un libro o hacer una investigación sobre un personaje que te fascina vas a esperar a que tu vida sea perfecta, no lo vas a hacer nunca.


Esta entrevista fue publicada en la revista Siglo Nuevo del periódico El Siglo de Torreón el pasado sábado 9 de febrero de 2019.

miércoles, 2 de enero de 2019

Roma. Ellos y nosotros

Son incontables los encabezados que podemos ver diariamente donde Roma, de Alfonso Cuarón, sigue convirtiéndose en el suceso del cine nacional. Podemos leer una y otra vez cómo el director mexicano hace un emotivo “homenaje” a su empleada doméstica y nos lleva de la mano a conocer una reconstrucción esmerada y detallada de su infancia donde, literalmente, hasta los muebles que vemos en pantalla son los mismos que había en su casa.

Quizá uno de los primeros textos que no elogiaron el trabajo de Cuarón sea apenas un comentario, duro como siempre, de Malú Huacuja del Toro cuando escribió “…no necesito hacerme un nombre de las tragedias de nadie, ni me puse a entrevistar a mi sirvienta o a escribir una película de mi nana para hacerme de un gran futuro”. Sembrando así, con apenas un par de líneas, la capacidad de dudar, pues para muchos la curiosidad despierta cuando alguien, dentro de una oleada de aplausos y elogios, dice “no”.

La película es visualmente hermosa, poética y por momentos avasalladora. Aunque la narración llega a tener tropiezos, se impone el dominio del lenguaje visual. Como público es imposible no conmoverse ni conectarse con ciertas escenas y secuencias maravillosamente logradas, con las desgarradoras metáforas y giros en la historia, y las excelentes actuaciones del reparto.

Este reparo no va encaminado a la calidad visual de la cinta. Así como la película es una narración unipersonal del director sobre un pasaje de su vida, esta disertación parte desde la historia individual y familiar.

Es precisamente ahí, donde un gran sector del público abraza la cinta y toma una misma lectura a partir de cómo se identifica e interpreta la historia. Muchas personas sobrevivientes, a esa prácticamente extinta clase media, recuerdan emocionados sus coches y sus nanas. Todos tuvieron una “Cleo” que seguramente dejó su propia vida para atender la de ellos y pasan por alto el cuestionar si acaso la cinta muestra una romantización de la desigualdad, el clasismo y la esclavitud moderna. Terminan saliendo del cine sintiendo nostalgia por escuchar un afilador de cuchillos o ver un coche como el que tenían sus papás, sin ir más allá de esa nostalgia inmediata que usa la publicidad apelando a “lo bonito que fue el pasado” y sin cuestionarse qué papel jugamos, consciente o inconscientemente en una sociedad que funciona a base de desigualdades y privilegios.

Todos se confiesan recordando a sus propias empleadas como ese ser que pareciera no tuvo otro propósito en este mundo, más que haber venido de un lugar exótico (el cual ellos jamás visitarían) a contarles historias y lavarles la ropa sucia. Pero ninguno expresa qué tantos derechos laborales tenía su “Cleo”, si le pagaban aguinaldo, vacaciones o si tenía un horario laboral justo.

LA NOSTALGIA DEFINE

Otros espectadores partimos del punto opuesto, muchos somos hijos de mujeres que, al igual que la protagonista, también llegaron desde un pueblo a la Ciudad de México buscando una mejor vida y terminaron como “la muchacha” de una familia clasemediera en alguna colonia bonita de la ciudad. Somos hijos de hombres que migraron desde una pequeña comunidad donde no se habla español y que, intentando evitar que sus hijos sufrieran la discriminación y el racismo que ellos vivieron en carne propia, decidieron no enseñarnos su idioma. Nadie les dijo que poseen una riqueza ancestral y que, al ser bilingües, son doblemente sabios e inteligentes. Allí, en un cuartito de azotea, se han formado familias, igual de valiosas que las que habitan los departamentos atendidos unos pisos abajo.

Entonces nuestra nostalgia nos hará preguntarnos ¿cuántas veces nuestra familia ha sido tratada de esa forma?, ¿habrán abusado de nuestras madres en tantas maneras? Si éste es un retrato y una recreación fiel de hechos, donde el director muestra su nostalgia, nosotros encontramos injusticia, donde él habla de un homenaje a la mujer que, literalmente sacrificó su vida, su individualidad y sus derechos, vemos la exhibición de la mezquindad y el egoísmo con el que ella fue explotada.

¿Es entonces ésta la única manera en que la sociedad mexicana acepta una historia de una mujer indígena?, ¿sólo si es abnegada, sumisa y por supuesto “sirvienta”? ¡Casi como una telenovela!

¿Es esta exhibición de la desgracia una reivindicación?, ¿es una toma de conciencia?, ¿una disculpa?, ¿o solamente una añoranza nostálgica personal y un autohomenaje del director? No hay dilema, su familia fue abusiva con su empleada, como lo son casi el cien por ciento de las familias que pueden pagar sirvientes. Resulta aterrador el retrato que hace de la pobre nana: una triste mujer que tuvo que soportar la histeria de una familia insensible y egoísta que la arrastró con su propia infelicidad y tragedia, cuya “libertad” sólo alcanzó para salir al cine y a la alameda, en domingo, seguramente.

¿Cómo encontramos ese supuesto cariño y esa alianza “patrona – empleada” que describen algunos reseñadores del filme? Si somos generosos, diremos que ella fue tratada como un ser sometido y sin voluntad ni poder sobre ella misma, casi como una niña pequeña. Y si somos más críticos, como una mascota más.

JUSTICIA

Basta saber que sus patrones ni siquiera conocían su apellido, que se le permitía sentarse a ver la televisión junto a ellos, pero en un cojín en el piso, por supuesto. Que la llevaron de “vacaciones” sin que pudiera negarse.

¿Eso es cariño?, ¿esa es la dignidad? Quienes tienen o tuvieron los recursos para pagar sirvientes posiblemente encuentren exagerados estos cuestionamientos porque, de nueva cuenta, al abordar el tema desde la comodidad de la clase social en la que están sentados, volverán a ver a sus nanas y empleadas como mujeres desgraciadas que tuvieron la “suerte” de encontrar patrones buenos y justos. Y muchos pensarán que esa bondad y justicia se traduce en que a su muchacha le permitan comer lo mismo que ellos y que su generosidad es tanta que les “regalan” a sus críos la ropa y juguetes viejos que sus hijos van dejando al crecer.

Habremos de decirles entonces, una y otra vez que no, eso no es bondad, la caridad y la limosna no son sinónimos de justicia, por qué siempre establecen que quien está arriba decidirá el destino de quien está abajo. Justicia es que ninguna mujer u hombre indígena tenga que ser sirviente de nadie para poder “vivir” medianamente. Justicia es que una mujer indígena pueda ser candidata a la presidencia de mi país si así se lo propone. Justicia es, simplemente y llanamente, que las mujeres y hombres indígenas puedan ser lo que ellas y ellos quieran ser, compartiendo derechos y libertades. Sin miedo, sin temor.

Si la película ha de servir para algo, además de que Alfonso Cuarón se gane más premios internacionales y más millones en su cuenta bancaria, que sea para denunciar y decir que no podemos permitir más historias como la narrada en ella. Que si alguien, entre muchas posibilidades, elige ser un sirviente, sea por convicción, no porque su condición social y económica lo obligue. Que quienes han sido silenciados puedan narrar con voz propia. Nuestras historias tendrían que ser contadas por nosotros, quienes hemos padecido la injusticia y el abuso del poderoso, no por quienes lo han ejercido sobre nosotros y lo siguen perpetuando día con día.

Cuando esa desigualdad sea un recuerdo del pasado, sonreiremos al escuchar la palabra “homenaje”. Mientras tanto, quienes vivimos abajo, limpiamos sus albercas, cargamos sus maletas en el aeropuerto y les servimos el desayuno, diremos que no queremos ser sus sirvientes ni acompañarlos en sus vacaciones para cuidar a sus hijos, mucho menos apagar el fuego mientras ellos celebran, contemplan el incendio y sostienen sus copas. Nuestras vidas y anhelos no caben en un cuarto de azotea ni en una película hecha por el patrón.


Este texto fue publicado en la revista Siglo Nuevo del periódico El Siglo de Torreón el pasado sábado 29 de diciembre de 2018.